En los últimos años se ha extendido crecientemente la consulta a profesionales de la salud mental para la atención de problemáticas de la infancia como así también la difusión de sus múltiples investigaciones. Sin embargo, en muchos de los casos que llegan al consultorio nos encontramos con una gran dificultad al intentar esclarecer el motivo de consulta, es decir, comprender e intervenir sobre aquello que acude en la primera entrevista como preocupación y que conduce el pedido de asistencia por parte de los padres.
Esta dificultad es entendible si se acepta que para muchos padres puede resultar extraño el abordaje psicológico de aquellos conflictos de la niñez que hasta hace poco se consideraban ¨normales¨ o de curso ¨natural¨. También es entendible si reconocemos que en la mayoría de los casos la consulta no surge de la inquietud de la familia o de la demanda del propio niño, si no a partir de la sugerencia de las instituciones escolares o de los profesionales médicos cuando en su área de comprensión no encuentran respuesta para lo que se presenta como problema.
Paralelamente, y adelantándose a toda demanda posible, aparecen también modelos explicativos y prácticas centrados en la precisión diagnóstica y en una progresiva sofisticación terapéutica, que complejizan las modalidades de evaluación para situar de manera exhaustiva todas las conductas y fenómenos dentro de una nomenclatura estándar, que garantizarían la eficacia de un tratamiento también estándar que se le supone a priori a dicha nomenclatura.
Es este escenario que organiza el mundo adulto alrededor de la problemática infantil lo que muchas veces dificulta el esclarecimiento de un motivo de consulta que piense a cada niño en su singular contexto afectivo. Y es por eso que en cada consulta se debe trabajar esencialmente con las verdaderas inquietudes y preocupaciones que puedan expresar los padres, tolerando las tensiones propias de los vínculos familiares y de las exigencias de su entorno, y admitiendo la expresión de los conflictos que se ubican más allá de los condicionantes que circunscriben la problemática en una falta propia del niño.
Escucha a tu hijo y sabrás mucho acerca de ti, es un modo de decir que convoca el compromiso e implicancia respecto de lo que expresa un niño, es una declaración que se dirige a las resistencias de un mundo adulto poco dispuesto a aceptar que hay una infancia que se aleja del ideal de la feliz inocencia. Un mundo adulto replegado sobre sí mismo ante el temor de encontrase con aquello que interroga sus deseos y sus frustraciones, interpelado por los malestares de la infancia, por chicos que se enojan o se entristecen, por chicos que se enferman o no aprenden.
Solo sosteniendo esta incómoda tensión será posible elaborar una consulta para construir una intervención que le restituya al niño su lugar y que sea diferente a la búsqueda diagnóstica de un déficit que se repara con técnicas de adiestramiento o con ¨la pastilla de portarse bien¨. Se trata entonces de asumir ese compromiso y darle forma a un espacio donde el niño podrá alojar su malestar, donde se acepte el tiempo vital que recorre su subjetividad y su relación con el entorno, donde podrá separarse del drama que se escenifica en el mundo adulto para arrojarse al mundo de sus fantasías infantiles.
Lic. Julieta Monteros - Psicóloga - MP 94531

