Por razones diversas y que han llevado a muchas especulaciones, nuestro país se ubica como aquel con mayor cantidad de psicólogos por habitante en todo el mundo. Un record curioso por cierto, ya que en relación a otros países se dice que la Argentina es de los más rezagados a la hora de consultar a un especialista.
¨Yo no
creo en los psicólogos¨, dicen los más escépticos como si la psicología se
tratara de una doctrina religiosa que depende
de la fe. Algo de eso puede haber cuando se elige un profesional para que nos ayude a entender
lo que nos pasa, se cree o no se cree que algo sabe acerca de aquello. Y es hasta
legítimo y conveniente si es que finalmente decidimos preguntarnos un poco más
acerca de lo que nos pasa internamente.
Quizás el
primer paso sea pensar porqué es en este momento que estoy en frente de este
dilema, porqué siendo que hasta ahora parecía andar todo sobre ruedas de
repente la vida se vuelve aburrida, hostil, triste o insoportable. Es muy
probable que este momento de cavilación tenga que ver con ciertos ciclos
evolutivos como una convivencia, una
paternidad, un abuelazgo. Algunas veces puede relacionarse con situaciones críticas
que nos toca atravesar como un desempleo, una enfermedad, una separación de
pareja. Y
aunque logremos entender que todo esto es parte de la vida misma, cuando algo de
esto nos toca no podemos dejar de
culpar al destino, pensamos que
solo nos está pasando a nosotros, que no vamos a poder con ello.
Lo cierto es que, aunque hubiera
innumerables motivos que llevan a una persona a consultar a un especialista,
cuando nos encontramos frente a la
persona indicada la pregunta que rodeará
todos nuestros conflictos siempre será la misma, ¨ ¿Qué me pasa a mí con
esto?¨ Y si en ese espacio privilegiado
que se arma entre un paciente y su analista se posibilita el despliegue de la
lógica del inconciente, es muy probable que descubramos que no existe
pregunta alguna para la cual no tengamos ya una posible respuesta.
Lic.
Julieta Monteros

